Niños

La dulzura de Adeline para Marin Aime

Las marcas pequeñas tienen un encanto especial. Sus valientes creadores son diseñadores, vendedores, publicistas y economistas al mismo tiempo, pero tienen una ventaja, si creen en su producto, su pasión se contagia.

Cuando me encontré con Adeline se nota a primera vista que era una persona dulce y tímida, que no dudó en posar para la cámara, para contarme que todos los objetos de decoración que vendía los hacía ella a mano en pocas unidades desde su taller de Saint Maxime, un pueblo de Var, en la costa azul.

Cuando nació su hijo en 2015 tomó prestado su nombre, Marin, para bautizar la marca que soñaba, Marin Aime. Para este universo soñó coronas para que los niños sean reyes, cojines para dormir abrazado, estrellas de luz, baberos suaves, neceseres de colores naturales, bolsas y banderolas, que cuelgan ahora en mercadillos (y en mi casa).

 

 

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