Lugares

Montmartre, quizá la zona con más encanto de París

Montmartre es una de mis zonas preferidas de París. Es cierto que del barrio de los pintores y escritores bohemios solo quedan los recuerdos y todo está preparado para los turistas, pero pasear por sus calles empinadas y perderse por sus callejuelas a primera y última hora sigue siendo un placer.

  

Hasta 1860 Montmartre fue independiente de París y quizá este pasado sigue en cierto modo marcando la esencia de este barrio donde conviven la imponente basílica del Sacre Coeur con los antiguos burdeles y cabarets. 

Sin duda, el cabaret más famoso es el Moulin Rouge, no es el único, pero sí es el más elegante porque según vas avanzando en la falda de la colina, hacia la zona de Pigalle, las luces de neón y los sex shops son una imagen constante.

En lo alto de la colina, en una subida de casi 200 escalones (también hay la opción de ir en funicular, pero no puedes curiosear las casas que te vas encontrando en la subida) está la basílica con su mirador de París. Diría que la foto en sus escalones es la postal más repetida de París, junto con la cercana plaza de Tertre, la plaza de los pintores, donde siempre hay gente que se anima a hacerse un retrato.

Montmartre es el barrio de Amélie Poulain. En el café des Deux Molins es donde trabajaba la camarera más famosa del cine francés (sus empleados están habituados a que les fotografíe gente de todo el mundo), pero Montmartre es mucho más y si tienes un poco de tiempo, lo podrás descubrir en el pequeño Musée de Montmartre et su jardín Renoir que lo rodean.

En Montmartre hay lugares para soñar como el Hotel Particulier Montmartre o Villa Leandre, quizá la calle sin salida con más encanto de París, habitada por casas pintorescas y vecinos tranquilos.

Hay reductos de tranquilidad como la pequeña plaza Dalida donde está la estatua de la cantante (parece que tocarle el pecho da buena suerte), los célebres viñedos de Montmartre, los únicos y últimos de París (todos los años en octubre se celebra la Fiesta de la Vendimia) y los molinos, Le Moulin de la Galette, un restaurante actualmente, y el viejo molino de 1622 que se percibe en una finca aledaña.

También lugares para comprar cosas especiales como la tienda La Case de Cousin Paul y por supuesto, para tomar un café o comer como en la terraza del clásico L´été en pente douce (que lleva el nombre de la película francesa de Gérard Krawczyk de 1987) o la Maison Rose. Hablando de cine, en el número 10 de la rue Tholozé hay un pequeño cine, Studio 28, un plan perfecto para acabar la tarde. 

NOTA: yo no me iría de Montmartre sin caminar un poco más lejos y llegar hasta Abbesses, más tranquilo y menos turístico, pero sin perder encanto. 

 

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