Lugares, París

El placer de sentarse en las sillas del jardín de Tuileries

Siempre me ha gustado el nombre de este jardín, Tuileries (las tejas), eso de casi tener que cerrar la boca para pronunciarlo me hace sonreír. Por cierto, el nombre hace referencia a una fábrica de tejas que ocupaba el lugar con anterioridad.

El jardín es una de las señas de identidad de París, une puntos emblemáticos de la ciudad como el Museo del Louvre y la Plaza de la Concordia, pero además es muy coqueto y tiene vistas a la Torre Eiffel y al Museo D´Orsay. 

Catalina de Medicis tenía buen gusto, eso está claro, y el jardín de Tuileries es un ejemplo claro. En el palacio (destruido a finales del siglo XIX) se celebraban fastuosas fiestas y no es difícil imaginarse a los invitados vestidos de gala para la ocasión paseando entre los jardines, los estanques y las esculturas.

Aunque durante algunos años, cuando la corte se trasladó a Versalles estuvo abandonado, se convirtió en el primer jardín público del centro de París y hoy sigue siendo un reducto de calma, que, ni siquiera los cientos de turistas que pasan cada día por allí, consiguen alterar.

Junto con el pequeño museo de l’Orangerie con obras de Monet, las estatuas de Rodin y de Giacometti que decoran los jardines, las famosas sillas de hierro de color verde oliva se llevan todos los elogios. Una curiosidad, este modelo de silla se llama Luxemburg porque fueron creadas en los años 20 especialmente para los Jardines de Luxemburgo de París por un taller local. 

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