Cuando pensaba en Nantes solo me venía a la cabeza la imagen del enorme elefante que echa agua con su trompa mecánica, pero Nantes es mucho más. Una ciudad moderna, que respira arte, a la que hay que dedicar más que un alto en el viaje camino de Bretaña, pero también es una ciudad con un patrimonio histórico que merece la pena explorar.

Es imposible perderse, solo hay que seguir la línea verde que está pintada en el suelo. Aquí dejo mis 10 imprescindibles para un paseo por el Nantes más clásico y algunos más:

  • El castillo de los duques de Bretaña es una parada obligatoria en Nantes y en la ruta de los castillos del Loira. En pie desde el siglo XV sus torres, murallas y fosos perfectamente conservados impactan a los visitantes, pero lo que hace las delicias de los más pequeños es un tobogán de 12 metros de altura apto solo para valientes. 
  • La Catedral de San Pedro y San Pablo con la tumba de Francisco II, el último duque de Bretaña.
  • Las casas medievales con sus colores y entramados de madera tan característicos.
  • Restaurante La Cigale, frente al Teatro Graslin. Barato no es, pero se puede tomar un café o al menos pararse a hacer una foto de la fachada porque desde 1964 está clasificado como monumento histórico. No lo veo muy recomendable si vas con niños pequeños…
  • El Passage Pommeraye, una coqueta galería comercial de 1840. Además de las tiendas del interior, es interesante pararse en las que están fuera para comprar chocolates, dulces y helados de fresa y hasta para comprar lazos en una mercería.    
  • El Jardín des Plantes, donde se te pasará la tarde sin darte cuenta. 
  • Las fachadas de la Ile de Feydeau, una antigua isla donde vivían los comerciantes más ricos que se unió al centro de Nantes en 1720 y llama la atención por sus edificios inclinados. El suelo arenoso hace que estas preciosas fachadas decoradas con balcones de hierro forjado se esfuercen por mantener el equilibrio. Justo en el centro, hay una cantina bio perfecta para reponer fuerzas.
  • Los brocantes de la rue Jean Jaures para curiosear o salir con las manos llenas.
  • Las tiendas de decoración especiales como Le gran bois des loups o Dodé merecen un alto en el camino.
  • El espejo del agua para refrescarse y disfrutar con los juegos de luces y los reflejos como en Burdeos 
  • Visitar la Ópera de día y de noche para ver los cambios en el edificio. Las farolas iluminadas son un espectáculo.
  • Caminar sobre el memorial de la Abolición de la esclavitud. Nantes fue uno de los puertos por donde más esclavos pasaron y en 1998, en el 150 aniversario de la Abolición, se construyó este memorial, que emociona por lo sencillo a la vez que impresiona por la cantidad de huellas con nombres de barcos de esclavos que hay en suelo.
  • Para rematar el paseo clásico, una cena el Le Petit Flore, una recomendación local estupenda. Carta sencilla, sabrosa y ambiente acogedor.
  • El domingo la mejor opción es un brunch, me hubiera gustado probar el del Apartamento Gourmand, pero hay que reservar con mucha antelación.

 

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