Hay cafés para descansar, para disfrutar, para trabajar, para ver, para ser visto, para picar algo… y el Café Latittude de Montpellier tiene algo de todo eso. 

En un ambiente relajado, con una de esas terrazas que se disfrutan todo el año, los locales, los estudiantes y los turistas compartimos wifi e historias. 

Una de las cosas que más me gustó es que te animaban a disfrutar con el café algunas de las especialidades de la pastelería de la esquina y puedo decir que la cola que tenía todo el día estaba muy justificada. Los dulces eran una maravilla.

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